No es una pregunta aislada. Siempre que nos mudamos a un nuevo hogar, surge el interrogante: ¿conviene instalar un calefón o un termotanque? La respuesta dependerá del criterio que prevalezca en la elección. No hay un sistema mejor que el otro de por sí.
Primero definamos en qué consiste cada uno de los dos sistemas de calentamiento del agua.
El calefón calienta el agua en el acto a través de una serpentina por dónde circula. El aparato se enciende sólo cuando se utiliza y deja de trabajar cuando se cierra el grifo. Esto supone que no hay almacenamiento de agua, y que el consumo de energía es mucho menor, ya que el calentamiento de agua se ciñe al estrictamente necesario. Asimismo, no implica un tope en el consumo de agua y puede funcionar con un nivel de presión del agua mínimo.
El termotanque, por el contrario, calienta el agua mediante un tanque y la mantiene a una temperatura constante, lo cual genera un gasto mayor de energía. Esto permite disponer de agua caliente en cualquier momento, sin tener que esperar el proceso de calentamiento de un calefón (sin embargo, cuando el consumo de agua caliente es alto, a veces sucede que hay que esperar un tiempo de recuperación del termotanque).
Otra ventaja significativa del termotanque respecto del calefón es que ofrece la comodidad de utilizar agua caliente a través de varios grifos al mismo tiempo, mientras que el calefón sólo permite utilizar uno por vez.
A favor del calefón, hay que decir que su mantenimiento es mucho más económico que el de un termotanque y que tiene una vida útil más prolongada (alrededor del doble que la de un termotanque).
En síntesis, si se busca una alternativa más ecológica y económica, que no demande tanto gasto de energía, lo mejor es inclinarse por el calefón. A la misma conclusión llegaremos si comprobamos que la presión del agua no es muy alta. En cambio, si lo que se necesita la practicidad de disponer de agua caliente en todo momento, y a través de varios grifos a la vez, no hay dudas que el termotanque ofrece mejores perspectivas.
